Separatismo si, patria/nación no
El separatismo dentro dentro del territorio bajo la jurisdicción del Estado-nacional mexicano, se plantea no como una reivindicación de otras patria u naciones, sino como una necesidad fundamental derivada de la ausencia de un sistema representativo político que de voz a las necesidades de cada población y sociedad en contraposición al esquema centralista que de facto ha imperado desde el gobierno mexicano en relación a las poblaciones que domina. Evocar una espíritu "patriota" o "nacionalista" sólo recrearía al mismo Estado mexicano que se cuestiona y da cabida a xenofobias, racismos y una violencia innecesaria, que lejos de fomentar la madurez de los pueblos y el desarrollo de nuevas propuestas en términos económicos, políticos, vaya epistemológicos; abre paso a empoderar a facciones "tradicionalistas" marcadas por la presencia de caciques y caudillos que aprovechando cualquier coyuntura y el calor de la situación, cimentarían su poder político/económico, como ocurre al interior de las estructuras partidistas.
Las nociones patriotas o nacionalistas, además, suponen un atraso en cuanto a la percepción de los seres humanos al construir una división innecesaria entre sujetos de una misma especia animal, que divididos bajo valoraciones imaginarias, se enorgullecen o configuran odios absurdos sobre un elemento totalmente etéreo. Además, de que dichas nociones son el producto de un complejo proceso de asimilación de elementos eurocéntricos configurados durante el positivismo e ideados desde las revoluciones burguesas e industriales que abrieron camino a los Estados-nación de la Europa moderna.
¿Cuál era la lógica de crear nuevos Estados-nacionales que mantenían una extensión territorial similar a las colonias/dominios que les precedieron, o por qué fueron creados si a final terminaron por mantener su esencia territorial colonial?, ¿No resultaron los procesos de independización de países marginales (ex colonias) como México en meros procesos de legitimización de oligarquías previas, que al romper con los imperios a los que pertenecían sólo cambiaron sus relaciones comerciales con otras potencias para mantener una estructura social sin cambio alguno?, ¿A raíz de una convulsión tan profunda en la búsqueda de una representatividad como los procesos independentistas, por qué no se dio un proceso de desintegración masivo donde cada población/sociedad definiera sus propio sistema político, económico, esquema social; más allá del imperante dentro de los países de Europa Occidental?
Preguntas complejas, y e insuficientes si se considera la magnitud del problema que representan las patrias, naciones y países desde la idealización que se ha construido desde el siglo XIX y que se ha impuesto sobre la mayor parte de los seres humanos alrededor del mundo para imponer un "orden" sobre las poblaciones y que estas se "integren" a los progresos de la modernidad. No es coincidencia, que la mayoría de los actuales Estados-nación se configuraron desde los siglos XVIII (las más antiguas) y XIX (la segunda "oleada" y que dentro de los matices que definieron a estos Estados se acompañó por los principios del liberalismo económico, que desde la revoluciones burguesas de las 13 colonias y francesa; dio sustento a los nacientes capitalistas quienes durante las revoluciones industriales trazarían el devenir político de los nacientes Estados.
El auge imperialista que acompañó liberalismo económico -ojo, se sabe que el liberalismo no plantea en fuentes como Adam Smith o David Ricardo principios de políticas imperialistas, colonialistas o expansión militar, sin embargo, la praxis de dicha filosofía culminó en una realidad marcada por parte de los Estados que acaudillaron al liberalismo económico-, aprovecho la decadencia de antiguas potencias mercantilistas como España y Portugal, para, en primera instancia, obtener de ellas las materias primas necesarias en sus primeros procesos industriales, a ello siguió un auge colonizador que se refleja en la constitución de imperios como el británico o el francés, que después del XIX, lejos de promover la colonización en términos de transportar remanentes poblaciones a los nuevos territorios, dedicaron sus esfuerzos en "integrar" a dichas poblaciones, ya sometidas, a la estructura de producción, convirtiéndose así en la principal fuerza de trabajo en la extracción y explotación de materias primas.
En el caso de los "nuevos países", como México -resultado del decadente imperio español y el interés de otras potencias por explotarlo sin la mediación de un gobierno extranjero-, la intencionadamente era doble, si bien no se ejercía un dominio colonial directo, si había un sistema equivalente; que fortalecía económica y políticamente a una oligarquía relativa a la extracción de recursos y materias primas, para que esta ejerciera el poder sobre el resto del territorio, previamente español; cuando una oligarquía equivalente de otra zona geográfica a la de la capital, en caso de no lograr una negociación, simplemente aparecía un nuevo país. Las clases dominantes en conflicto eterno, suponían a su vez una inversión que garantizaba a los inversores el control de la facción que tomará el poder, dichos inversores, simplemente apoyaban a ambos bandos en espera de adjudicarse cuantiosas ganancias de ganar uno y mantener una garantía al apoyar al grupo opuesto en caso de que los victoriosos incumplieran el acuerdo.
En esta etapa durante la primera mitad del siglo XIX, al menos en México; si bien la idea general gira en torno a la romantización de la nación; en la praxis fue un sistema económico el que definió la configuración del Estado y las relaciones políticas, que lejos de plantearse desde la noción de representatividad (que si existía); y se alimentó de la presencia de caudillos y caciques antagónicos, que enfrentados los unos a los otros nutrían a las facciones políticas que disputaron a lo largo del siglo XX el control político. Los caudillos, empoderados, enriquecidos y sobre todo con el aval del exterior, construyeron grandes oligopólicos que les sirvieron para sumir a la población bajo su mandato directo y en muchos sentidos dar controlar la extensión de alguna entidad federativa.
Al final, no importó mucho si eran liberales o conservadores; porque todos eran parte de una estructura política subordinada a voluntades extranjeras, capitalistas y necesitadas de materias primas. Por ello, a pesar de los intentos por fomentar la industrialización interna estaban condenados al fracaso, más por ser modelos que buscaban reproducir realidades existentes en otros espacios, por más que lo deseara Lucas Alamán (un promotor de la industrialización) Veracruz, nunca iba a ser como Liverpool, menos si se deseaba competir en un campo donde la industria desde el continente americano terminaba en manos de los mismos caudillos y caciques serviles a las potencias colonialistas; y donde la competencia europea/norteamericana se limitaba a apoyar a la facción contraria para mantener el sistema explotación de materias primas.
El sistema explotación de las nuevas repúblicas, se ve modificado una vez que surge el positivismo en Europa, e impactando éste dentro de la epistemología de Europa Occidental y la configuración de las ciencias; se produce dentro de otra fuerza colonial, la intelectual, una revolución que clama por trasladar esta "primicia" a entornos como el americano. El afán clasificador y generalizar positivista, visible dentro de las banderas y lemas de gobiernos y países americanos -México: Orden y Progreso; Brasil; Ordem e Progresso; Chile: Por la razón o la fuerza), parte de la noción evolucionista de que la culminación de la historia humana era la civilización de Europa occidental y sus zonas de influencia y por tanto los demás pueblos debían alcanzar tal grado de avance sin importar como.
El afán modernizador, supuso el apoyo final hacía los grupos de poder en México y otras partes de América que más cercanos se encontraran del positivismo, para, con ello dar fin, al menos temporalmente; a las guerras civiles que habían azotado al país/es y legitimar a un sólo gobierno, que de la mano de reformas político-económicas-científicas darían certidumbre a los cada vez más complejos sistemas de inversión y explotación de recursos. Los perdedores, se enfrentaron a la marginación política y en el caso de poblaciones rebeldes e indígenas se enfrentaron al exterminio; este proceso ocurrido durante la segunda mitad del siglo XIX, abrió espacio para la configuración de los Estados americanos modernos, "claras" nociones sobre nacionalismo -primeros intentos homogeneizadores en términos de población- y, la estructuración y configuración de una historia y un sistema educativo patrio/nacional.
Durante todo el proceso, la noción de representatividad política mantuvo una relativa marginalidad, se abogó por ella en las constituciones, emulando el "we the people" de constituiciones anglosajoanas, sin embargo, de facto fue dejada de lado en pos de servir a los caciques y caudillos que avalaban al grupo político en el poder, quienes si eran representados y se servían de las leyes para legitimar su riqueza. Figuras como Luis Terrazas, en el estado mexicano de Chihuahua, ejemplifican a estos caudillos, que de tener un origen militar, consolidaron grandes fortunas y construyeron las primeras grandes "empresas" nacionales, mediante el contro político de su zona de influencia.
La historia de Terrazas, no es aislada en el continente, y sus equivalente se encuentran a lo largo del continente en los estancieros argentinos, hacendados mexicanos o coroneles brasileños; pero resulta ilustrador, como el "dueño" de Chihuahua, se valió de alianzas político/económicas con figuras como Benito Juárez o Reuben Creel (consul estadounidense) para afianzar su dominio y ser participe de la "defensa patria" que hacía Juárez frente al grupo conservador liderado por el emperador Maximiliano; todo mientras mantenía comunicación con el imperio. El triunfo de la república, le garantiza a Terrazas y el grupo al que pertenecía, el triunfo absoluto sobre los conservadores monarquistas, y con el aval de las leyes, reivindica su poder político como gobernador y garantiza una carrera política para él y su familia en lo sucesivo, y con ello la posibilidad de hacer que "la mano invisible" señale a su favor por encima de cualquier otro ciudadano.
Como Terrazas, en cada entidad federativa hubo caudillos y caciques, algunos como Santiago Vidaurri de Nuevo León mueren al ser derrotada su facción política (los conservadores) y otros como Evaristo Madero mantienen su poder. Estas figuras que distan mucho de ser patriotas, son parte del complejo entramado de alianzas políticas que en lo sucesivo a la victoria de Juárez -o como hacían antes o harán con los gobiernos que le sucedieron a éste-, definirán las políticas del Estado mexicano, así como serán su principal soporte. Estos caciques y caudillos, que ya eran desde el virreinato de la Nueva España el eje político y productivo, mantienen su rol dentro de México de las reformas, y a pesar de sus incursiones dentro de la industria o las ciencias, estas se mantendrán estériles en virtud de que se cimentaron en la adopción de tecnologías y conocimientos extranjeros, nunca generados por ellos mismos o en su mismo espacio.
La dependencia al exterior, como batuta mágica que encausa la vida política y económica de Estados como México, fue para entonces, el principal objetivo diplomático de los grupos de poder que se hacían con el control del Estado y desde Juárez (con Lincoln), hasta Lerdo de Tejada, Porfirio Díaz y Manuel González; las relaciones con la potencia continental americana serán su principal objetivo; al buscar un reconocimiento que les garantice el respaldo frente a los grupos opositores que pudieran surgir. la década de 1870 queda marcada por el triunfo del general rebelado Porfirio Díaz, quien a través de un gobierno pelele como el de su sucesor Manuel González, logra el tan deseado reconocimiento estadounidense y el apoyo de la comunidad internacional -las potencias extranjeras-; para dar comienzo así a la pax porfiriana, periodo de treinta años donde el Estado mexicano, siguió los lineamientos positivistas y desarrolló una política que respaldó la explotación de los recursos naturales en manos de extranjeros, así como dar garantía del respeto a sus inversiones y el apoyo con infraestructura que permitiera su presencia.
La pax porfiriana, no fue sino la alineación de los caciques y caudillos al grupo que controlaba al Estado, y la postura estatal de garantizar el poder de estos, así como permitirles mantener su presencia dentro de la estructura estatal y participar en la economía con facilidades e inversión, asociación y explotación que los convirtió en socios y aliados de las empresas extranjeras, así como en fundadores de las propias. El propio Luis Terrazas, ex aliado de Juárez y enemigo de Díaz, quien al no ser derrotado, es incorporado dentro de la estructura porfiriana como gobernador, latifundista y empresario; posiciones que lo consolidarían como el "dueño de Chihuahua".
Durante la pax porfiriana, el positivismo sería el eje central del gabinete presidencial, donde los familiares y relativos a los antiguos caciques y caudillos, que después de tener a oportunidad estudiar en instituciones extranjeras; se convertirían en una élite intelectual, que a toda costa reproduciría en México un modelo de conocimiento en beneficio del aprovechamiento capitalista y que sirviera a los fines del Estado. Es durante este periodo se ordena la obra compilatoria de "La Historia de México a Través de los siglos", que presenta de forma lineal la primer historia nacional hasta entonces y da una legitimidad al Estado mexicano, al ser este un continuador de la labor civilizadora comenzada en Roma, Grecia y sus equivalentes mexicanos el Imperio Azteca y la civilización maya.
El servicio del porfiriato, dejó de tener sentido cuando la estructura política que lo mantenía se quebró ante la sucesión presidencial y la posterior división de las clases oligarcas mexicanas, que a través de una revolución que apenas duró de noviembre de 1910 hasta mayo de 1911; abrió camino para un nuevo gobierno y el resurgimiento del antiguo sistema de caudillos y caciques. quienes, ahora en la función de "Señores de la guerra" ejercieron el poder desde sus respectivas regiones y en conjunto al siempre presente ejercito, otros caudillos/caciques menores y líderes políticos dan comienzo a una guerra civil que terminará hasta la década de 1920. Mucho se puede decir sobre las facciones participantes, en términos idealistas, los movimientos armados que sucedieron a la revolución, adoptaron discursos variados que iban desde el anarquismo, indigenismo y socialismo hasta las posturas más reaccionarias, pero cualquiera fuera el caso, guerra civil derivada de la "revolución", no fue otra cosa sino el regreso al caos decimonínico donde los Estados "civilizados" en Europa y América se limitaron a regular su apoyo a la facción que más sirviera a sus intereses.
Detrás de cada caudillo-cacique "revolucionario, estuvieron presentes emisarios de las potencias extranjeras, quienes bajo la eterna promesa del reconocimiento, sirvieron como válvulas de apoyo financiero y técnico militar para los grupos en pugna. Las ideas de un Pancho Villa patriota, o un Emiliano Zapata nacionalista, son tan vanas como ambiguas y pese a los matices que suponen las biográfias de cada uno, al final resultan tan corrupto o ineptos como lo fueron los militares de mediados del siglo XX, Porfirio Díaz o sus antagonistas contemporáneos desde Huerta hasta Elías Calles.
Al final, el periodo de guerra, terminó de la única manera en que pudo, bajo la venia de la potencia continental, los Estados Unidos, y bajo los tratados de Bucareli, se consolida el respaldo final al gobierno de Álvaro Obregón y la facción política que lo apoyaba, el llamado "grupo Sonora"; sujetando bajo un nuevo estatus quo a todos los caudillos, emulando a Porfirio Díaz y estableciendo en la figura del naciente partido, el equivalente al ejercicio que otrora realizara el dictador. Ello da comienzo a la democracia mexicana moderna, que desde sus comienzos fue el producto del reconocimiento de una potencia hacia el grupo oligarca que se hizo con el poder, en término que brindaran el mayor beneficio a la potencia imperialista y mantuviera una estructura política incluyente de las oligarquías locales en términos de mantener sus privilegios y poder en "armonía" con el Estado.
Para mediados del siglo XX, el sistema partidista consolida su pragmatismo político en la corporativización del Estado, que de forma tripartita junto a los sindicatos y el sector "empresarial" promueven la alineación de los tres en relación al respaldo de políticas públicas y la noción de un "proteccionismo" económico selectivo que no afectara las relaciones del Estado mexicano con respecto sus compromisos extranjeros y que dotara a los "empresarios" mexicanos de beneficios fiscales y facilidades sobre otros sectores. Surge así la diplomacia mexicana, que si bien se mantenía desde finales del siglo XIX con una relativa eficiencia, es ahora cuando México se convierte en un ente cuya participación internacional se plasma en su ambigua participación en tratados internacionales y la promoción de los mismos -era muy irónico que un Estado que masacraba a su población se jactara de ser casi fundador de la ONU-; así como la implementaciónd e la doctrina Estrada, donde a sabiendas de los conflictos internos, México prometía una neutralidad en cualquier situación exterior.
La educación pública también es un elemento que se redefine durante los gobiernos post revolucionarios, al ser una herramienta de homogeneización de una población heterogenia, mantiene una postura que reivindica las herramientas del porfirismo como la "Historia nacional"; pero con la excepción de situar al viejo régimen y nuevo régimen en término dualistas, donde el primero representa la maldad y el segundo la justicia. La integración en términos histórico de los caudillos revolucionarios derrotados, también resulta importante, dado que es gracias a ello que se consolida el apoyo de sus viejos partidarios para con el Estado mexicano.
Sin embargo, la educación, las ciencias, la industria y la intelectualidad, mantienen su estéril característica y salvo ocasionales generaciones de educación en el extranjero o instituciones nacionales, sigue habiendo la dependencia al exterior; y los académico e industriales mexicanos se limitan a simplemente adoptar y reproducir conocimientos exteriores, situación que ni el patriotismo revolucionario de la expropiación petrolera, logra cambiar -de nada sirvió comprar el petroleo sin desarrollar una industria de la transformación propia, el resultado lo vivimos hoy día que se chingaron a la "gallina de los huevos de oro"-. El sistema educativo mexicano, que a pesar de la fundación de universidades públicas, de gran relevancia, ven apocado el logro al dejarlas en manos de las mismas estructuras de poder empoderadas gracias al tráfico de influencias, el partidismo y el corporativismo; nunca las instituciones mexicana se convierten en centros de investigación y generación de conocimiento, y los casos en que lo fueron, pues el mérito recae en los investigadores y su labor, no en la institución.
El cierre de siglo, periodo de cambios dentro de las estructuras oligarcas, significa el asenso de una tecnocracia formada bajo los paradigmas económicos de neoliberalismo; quienes en su intento por transplantar el sistema reformado del mismo liberalismo que un siglo antes sus antecesores -sino es que directamente sus ancestros- habían adoptado e implementado con los resultados que describe la historia de México del siglo XX y del resto de los países de la región -fallidos, bastante fallidos-.
La nueva modernidad, surgida del fracaso de los gobiernos precedentes -una facción de las mismas oligarquías que había mantenido la formula de depender del exterior, pero con el detalle de tener una política económica no actualizada -eran el programa de windows 95', en una tablet del 2017-; abre un nuevo periodo para México, que se incorpora a un sistema globalizado en la función de proveedor de mano de obra barata y de recursos naturales -para variar, que inovadores fueron...-. La participación mexicana en esta nueva organización global, dio la idea de confort a vastos sectores de la población, que pauperizados por un siglo XX bastante jodido, encontraron en la "estabilidad" económica que les brindaba un trabajo mal pagado un balance que equilibraba su existencia frente a una realidad de mierda caracterizada por la pobreza, la nula planificación urbana (rural,de todo); la corrupción y la violencia. Mientras que un nuevo actor, los medios de comunicación intentaban satisfacer su inconformidad alimentando el lívido y aprovechando el machismo imperante para cosificar los cuerpos humanos y mediante la oferta de tetas y culos, crear un letargo voluntario que satisfaga el vacío de la vida.
Hoy, 2017, el esquema que ha sustentado al Estado mexicano desde el siglo XIX, se encuentra con la culminación de casi doscientos años de ineptitud al servicio de una oligarquía, y esas clases dominantes, se encuentran frente a un gobierno de la principal potencia, agresivo y aún más exigente en sus negociaciones. Y por lo visto, esas oligarquías, acostumbradas a un equilibrio que les permitiera sortear las crisis mediante su servidumbre a otras potencias van a ceder todo los cedible y aceptar todo lo inaceptables, porque no saben ver más allá de su confort personal, porque al no ser elegidos desde y por una voluntad popular, sólo piensa en la cúpula como un absoluto que se "legitima" con la aceptación de una masa empobrecida, dependiente y sometible.
Sobre la afirmación de separatismo si, patria-nación no; el presente escrito busca destacar que a lo largo de la historia de México, el establecimiento de un Estado-nación y las instituciones representativas, en ningún momento se contemplo una representación real, esta quedó como una mera abstracción discursiva o de iuris, sin que pudiera llegar a la praxis. las poblaciones sujetas bajo la jurisdicción del Estado mexicano, nunca tuvieron la oportunidad de contar con un sistema propio que velara por sus intereses, sino que estuvieron siempre dominadas por clases económico-políticas que en ejercicio de facto del poder, siguieron y adoptaron los sistemas económicos que más les beneficiaran, manteniendo así el perpetuo sistema colonial de ser proveedores de las potencias en turno. La educación, las ciencias o la economía, siempre estuvieron sujetas al exterior y los cambios ocurridos dentro de instituciones relativas a los países dominantes, nunca al interior, mientras que las instituciones propias se limitaban a ser ilustres copiadoras, asimiladoras y reproductoras de modas y tendencias del exterior.
No se plantea aquí un miedo hacía el exterior ni mucho menos -hago la aclaración para no caer ante la acusación de xenófobo-, pero se debe resaltar que al sólo asimilar los procesos de exterior, México o el resto de los países del continente, nunca lograron romper con el esquema colonial, ergo, nunca establecieron una relación de iguales con respecto a otras potencias, para las cuales relacionarse con los países pobres, era imponer sus condiciones con un subalterno pelele e inepto. Sobre esas nociones se construye el nacionalismo y la patria, bajo preceptos etéreos, nunca físicos, bajo nociones moralistas, nunca bajo una realidad perceptible; dado que para los Estados-nación, como el mexicano; las leyes y los discursos nunca tuvieron relación con la praxis.
El separatismo surge como una necesidad ante una histórica carencia de representatividad política, no bajo nociones patriotas ni nacionalistas; sino bajo la necesidad y el derecho de cada pueblo de autodeterminar su presente y futuro, cosa que no ocurre en el México de los caciques y caudillos, quienes a pesar de cambiar de forma, mantienen viva la esencia de la Nueva España colonial y condenan a los más de ciento veinte millones de humanos que residen en el territorio mexicano, a seguir siendo la escoria del mundo, porque aún mientras vivan en medio de la riqueza, están sujetos a ser valorados desde un exterior que no tiene interés en valorar a alguien más por encima de él.
Las nociones patriotas o nacionalistas, además, suponen un atraso en cuanto a la percepción de los seres humanos al construir una división innecesaria entre sujetos de una misma especia animal, que divididos bajo valoraciones imaginarias, se enorgullecen o configuran odios absurdos sobre un elemento totalmente etéreo. Además, de que dichas nociones son el producto de un complejo proceso de asimilación de elementos eurocéntricos configurados durante el positivismo e ideados desde las revoluciones burguesas e industriales que abrieron camino a los Estados-nación de la Europa moderna.
¿Cuál era la lógica de crear nuevos Estados-nacionales que mantenían una extensión territorial similar a las colonias/dominios que les precedieron, o por qué fueron creados si a final terminaron por mantener su esencia territorial colonial?, ¿No resultaron los procesos de independización de países marginales (ex colonias) como México en meros procesos de legitimización de oligarquías previas, que al romper con los imperios a los que pertenecían sólo cambiaron sus relaciones comerciales con otras potencias para mantener una estructura social sin cambio alguno?, ¿A raíz de una convulsión tan profunda en la búsqueda de una representatividad como los procesos independentistas, por qué no se dio un proceso de desintegración masivo donde cada población/sociedad definiera sus propio sistema político, económico, esquema social; más allá del imperante dentro de los países de Europa Occidental?
Preguntas complejas, y e insuficientes si se considera la magnitud del problema que representan las patrias, naciones y países desde la idealización que se ha construido desde el siglo XIX y que se ha impuesto sobre la mayor parte de los seres humanos alrededor del mundo para imponer un "orden" sobre las poblaciones y que estas se "integren" a los progresos de la modernidad. No es coincidencia, que la mayoría de los actuales Estados-nación se configuraron desde los siglos XVIII (las más antiguas) y XIX (la segunda "oleada" y que dentro de los matices que definieron a estos Estados se acompañó por los principios del liberalismo económico, que desde la revoluciones burguesas de las 13 colonias y francesa; dio sustento a los nacientes capitalistas quienes durante las revoluciones industriales trazarían el devenir político de los nacientes Estados.
El auge imperialista que acompañó liberalismo económico -ojo, se sabe que el liberalismo no plantea en fuentes como Adam Smith o David Ricardo principios de políticas imperialistas, colonialistas o expansión militar, sin embargo, la praxis de dicha filosofía culminó en una realidad marcada por parte de los Estados que acaudillaron al liberalismo económico-, aprovecho la decadencia de antiguas potencias mercantilistas como España y Portugal, para, en primera instancia, obtener de ellas las materias primas necesarias en sus primeros procesos industriales, a ello siguió un auge colonizador que se refleja en la constitución de imperios como el británico o el francés, que después del XIX, lejos de promover la colonización en términos de transportar remanentes poblaciones a los nuevos territorios, dedicaron sus esfuerzos en "integrar" a dichas poblaciones, ya sometidas, a la estructura de producción, convirtiéndose así en la principal fuerza de trabajo en la extracción y explotación de materias primas.
En el caso de los "nuevos países", como México -resultado del decadente imperio español y el interés de otras potencias por explotarlo sin la mediación de un gobierno extranjero-, la intencionadamente era doble, si bien no se ejercía un dominio colonial directo, si había un sistema equivalente; que fortalecía económica y políticamente a una oligarquía relativa a la extracción de recursos y materias primas, para que esta ejerciera el poder sobre el resto del territorio, previamente español; cuando una oligarquía equivalente de otra zona geográfica a la de la capital, en caso de no lograr una negociación, simplemente aparecía un nuevo país. Las clases dominantes en conflicto eterno, suponían a su vez una inversión que garantizaba a los inversores el control de la facción que tomará el poder, dichos inversores, simplemente apoyaban a ambos bandos en espera de adjudicarse cuantiosas ganancias de ganar uno y mantener una garantía al apoyar al grupo opuesto en caso de que los victoriosos incumplieran el acuerdo.
En esta etapa durante la primera mitad del siglo XIX, al menos en México; si bien la idea general gira en torno a la romantización de la nación; en la praxis fue un sistema económico el que definió la configuración del Estado y las relaciones políticas, que lejos de plantearse desde la noción de representatividad (que si existía); y se alimentó de la presencia de caudillos y caciques antagónicos, que enfrentados los unos a los otros nutrían a las facciones políticas que disputaron a lo largo del siglo XX el control político. Los caudillos, empoderados, enriquecidos y sobre todo con el aval del exterior, construyeron grandes oligopólicos que les sirvieron para sumir a la población bajo su mandato directo y en muchos sentidos dar controlar la extensión de alguna entidad federativa.
Al final, no importó mucho si eran liberales o conservadores; porque todos eran parte de una estructura política subordinada a voluntades extranjeras, capitalistas y necesitadas de materias primas. Por ello, a pesar de los intentos por fomentar la industrialización interna estaban condenados al fracaso, más por ser modelos que buscaban reproducir realidades existentes en otros espacios, por más que lo deseara Lucas Alamán (un promotor de la industrialización) Veracruz, nunca iba a ser como Liverpool, menos si se deseaba competir en un campo donde la industria desde el continente americano terminaba en manos de los mismos caudillos y caciques serviles a las potencias colonialistas; y donde la competencia europea/norteamericana se limitaba a apoyar a la facción contraria para mantener el sistema explotación de materias primas.
El sistema explotación de las nuevas repúblicas, se ve modificado una vez que surge el positivismo en Europa, e impactando éste dentro de la epistemología de Europa Occidental y la configuración de las ciencias; se produce dentro de otra fuerza colonial, la intelectual, una revolución que clama por trasladar esta "primicia" a entornos como el americano. El afán clasificador y generalizar positivista, visible dentro de las banderas y lemas de gobiernos y países americanos -México: Orden y Progreso; Brasil; Ordem e Progresso; Chile: Por la razón o la fuerza), parte de la noción evolucionista de que la culminación de la historia humana era la civilización de Europa occidental y sus zonas de influencia y por tanto los demás pueblos debían alcanzar tal grado de avance sin importar como.
El afán modernizador, supuso el apoyo final hacía los grupos de poder en México y otras partes de América que más cercanos se encontraran del positivismo, para, con ello dar fin, al menos temporalmente; a las guerras civiles que habían azotado al país/es y legitimar a un sólo gobierno, que de la mano de reformas político-económicas-científicas darían certidumbre a los cada vez más complejos sistemas de inversión y explotación de recursos. Los perdedores, se enfrentaron a la marginación política y en el caso de poblaciones rebeldes e indígenas se enfrentaron al exterminio; este proceso ocurrido durante la segunda mitad del siglo XIX, abrió espacio para la configuración de los Estados americanos modernos, "claras" nociones sobre nacionalismo -primeros intentos homogeneizadores en términos de población- y, la estructuración y configuración de una historia y un sistema educativo patrio/nacional.
Durante todo el proceso, la noción de representatividad política mantuvo una relativa marginalidad, se abogó por ella en las constituciones, emulando el "we the people" de constituiciones anglosajoanas, sin embargo, de facto fue dejada de lado en pos de servir a los caciques y caudillos que avalaban al grupo político en el poder, quienes si eran representados y se servían de las leyes para legitimar su riqueza. Figuras como Luis Terrazas, en el estado mexicano de Chihuahua, ejemplifican a estos caudillos, que de tener un origen militar, consolidaron grandes fortunas y construyeron las primeras grandes "empresas" nacionales, mediante el contro político de su zona de influencia.
La historia de Terrazas, no es aislada en el continente, y sus equivalente se encuentran a lo largo del continente en los estancieros argentinos, hacendados mexicanos o coroneles brasileños; pero resulta ilustrador, como el "dueño" de Chihuahua, se valió de alianzas político/económicas con figuras como Benito Juárez o Reuben Creel (consul estadounidense) para afianzar su dominio y ser participe de la "defensa patria" que hacía Juárez frente al grupo conservador liderado por el emperador Maximiliano; todo mientras mantenía comunicación con el imperio. El triunfo de la república, le garantiza a Terrazas y el grupo al que pertenecía, el triunfo absoluto sobre los conservadores monarquistas, y con el aval de las leyes, reivindica su poder político como gobernador y garantiza una carrera política para él y su familia en lo sucesivo, y con ello la posibilidad de hacer que "la mano invisible" señale a su favor por encima de cualquier otro ciudadano.
Como Terrazas, en cada entidad federativa hubo caudillos y caciques, algunos como Santiago Vidaurri de Nuevo León mueren al ser derrotada su facción política (los conservadores) y otros como Evaristo Madero mantienen su poder. Estas figuras que distan mucho de ser patriotas, son parte del complejo entramado de alianzas políticas que en lo sucesivo a la victoria de Juárez -o como hacían antes o harán con los gobiernos que le sucedieron a éste-, definirán las políticas del Estado mexicano, así como serán su principal soporte. Estos caciques y caudillos, que ya eran desde el virreinato de la Nueva España el eje político y productivo, mantienen su rol dentro de México de las reformas, y a pesar de sus incursiones dentro de la industria o las ciencias, estas se mantendrán estériles en virtud de que se cimentaron en la adopción de tecnologías y conocimientos extranjeros, nunca generados por ellos mismos o en su mismo espacio.
La dependencia al exterior, como batuta mágica que encausa la vida política y económica de Estados como México, fue para entonces, el principal objetivo diplomático de los grupos de poder que se hacían con el control del Estado y desde Juárez (con Lincoln), hasta Lerdo de Tejada, Porfirio Díaz y Manuel González; las relaciones con la potencia continental americana serán su principal objetivo; al buscar un reconocimiento que les garantice el respaldo frente a los grupos opositores que pudieran surgir. la década de 1870 queda marcada por el triunfo del general rebelado Porfirio Díaz, quien a través de un gobierno pelele como el de su sucesor Manuel González, logra el tan deseado reconocimiento estadounidense y el apoyo de la comunidad internacional -las potencias extranjeras-; para dar comienzo así a la pax porfiriana, periodo de treinta años donde el Estado mexicano, siguió los lineamientos positivistas y desarrolló una política que respaldó la explotación de los recursos naturales en manos de extranjeros, así como dar garantía del respeto a sus inversiones y el apoyo con infraestructura que permitiera su presencia.
La pax porfiriana, no fue sino la alineación de los caciques y caudillos al grupo que controlaba al Estado, y la postura estatal de garantizar el poder de estos, así como permitirles mantener su presencia dentro de la estructura estatal y participar en la economía con facilidades e inversión, asociación y explotación que los convirtió en socios y aliados de las empresas extranjeras, así como en fundadores de las propias. El propio Luis Terrazas, ex aliado de Juárez y enemigo de Díaz, quien al no ser derrotado, es incorporado dentro de la estructura porfiriana como gobernador, latifundista y empresario; posiciones que lo consolidarían como el "dueño de Chihuahua".
Durante la pax porfiriana, el positivismo sería el eje central del gabinete presidencial, donde los familiares y relativos a los antiguos caciques y caudillos, que después de tener a oportunidad estudiar en instituciones extranjeras; se convertirían en una élite intelectual, que a toda costa reproduciría en México un modelo de conocimiento en beneficio del aprovechamiento capitalista y que sirviera a los fines del Estado. Es durante este periodo se ordena la obra compilatoria de "La Historia de México a Través de los siglos", que presenta de forma lineal la primer historia nacional hasta entonces y da una legitimidad al Estado mexicano, al ser este un continuador de la labor civilizadora comenzada en Roma, Grecia y sus equivalentes mexicanos el Imperio Azteca y la civilización maya.
El servicio del porfiriato, dejó de tener sentido cuando la estructura política que lo mantenía se quebró ante la sucesión presidencial y la posterior división de las clases oligarcas mexicanas, que a través de una revolución que apenas duró de noviembre de 1910 hasta mayo de 1911; abrió camino para un nuevo gobierno y el resurgimiento del antiguo sistema de caudillos y caciques. quienes, ahora en la función de "Señores de la guerra" ejercieron el poder desde sus respectivas regiones y en conjunto al siempre presente ejercito, otros caudillos/caciques menores y líderes políticos dan comienzo a una guerra civil que terminará hasta la década de 1920. Mucho se puede decir sobre las facciones participantes, en términos idealistas, los movimientos armados que sucedieron a la revolución, adoptaron discursos variados que iban desde el anarquismo, indigenismo y socialismo hasta las posturas más reaccionarias, pero cualquiera fuera el caso, guerra civil derivada de la "revolución", no fue otra cosa sino el regreso al caos decimonínico donde los Estados "civilizados" en Europa y América se limitaron a regular su apoyo a la facción que más sirviera a sus intereses.
Detrás de cada caudillo-cacique "revolucionario, estuvieron presentes emisarios de las potencias extranjeras, quienes bajo la eterna promesa del reconocimiento, sirvieron como válvulas de apoyo financiero y técnico militar para los grupos en pugna. Las ideas de un Pancho Villa patriota, o un Emiliano Zapata nacionalista, son tan vanas como ambiguas y pese a los matices que suponen las biográfias de cada uno, al final resultan tan corrupto o ineptos como lo fueron los militares de mediados del siglo XX, Porfirio Díaz o sus antagonistas contemporáneos desde Huerta hasta Elías Calles.
Al final, el periodo de guerra, terminó de la única manera en que pudo, bajo la venia de la potencia continental, los Estados Unidos, y bajo los tratados de Bucareli, se consolida el respaldo final al gobierno de Álvaro Obregón y la facción política que lo apoyaba, el llamado "grupo Sonora"; sujetando bajo un nuevo estatus quo a todos los caudillos, emulando a Porfirio Díaz y estableciendo en la figura del naciente partido, el equivalente al ejercicio que otrora realizara el dictador. Ello da comienzo a la democracia mexicana moderna, que desde sus comienzos fue el producto del reconocimiento de una potencia hacia el grupo oligarca que se hizo con el poder, en término que brindaran el mayor beneficio a la potencia imperialista y mantuviera una estructura política incluyente de las oligarquías locales en términos de mantener sus privilegios y poder en "armonía" con el Estado.
Para mediados del siglo XX, el sistema partidista consolida su pragmatismo político en la corporativización del Estado, que de forma tripartita junto a los sindicatos y el sector "empresarial" promueven la alineación de los tres en relación al respaldo de políticas públicas y la noción de un "proteccionismo" económico selectivo que no afectara las relaciones del Estado mexicano con respecto sus compromisos extranjeros y que dotara a los "empresarios" mexicanos de beneficios fiscales y facilidades sobre otros sectores. Surge así la diplomacia mexicana, que si bien se mantenía desde finales del siglo XIX con una relativa eficiencia, es ahora cuando México se convierte en un ente cuya participación internacional se plasma en su ambigua participación en tratados internacionales y la promoción de los mismos -era muy irónico que un Estado que masacraba a su población se jactara de ser casi fundador de la ONU-; así como la implementaciónd e la doctrina Estrada, donde a sabiendas de los conflictos internos, México prometía una neutralidad en cualquier situación exterior.
La educación pública también es un elemento que se redefine durante los gobiernos post revolucionarios, al ser una herramienta de homogeneización de una población heterogenia, mantiene una postura que reivindica las herramientas del porfirismo como la "Historia nacional"; pero con la excepción de situar al viejo régimen y nuevo régimen en término dualistas, donde el primero representa la maldad y el segundo la justicia. La integración en términos histórico de los caudillos revolucionarios derrotados, también resulta importante, dado que es gracias a ello que se consolida el apoyo de sus viejos partidarios para con el Estado mexicano.
Sin embargo, la educación, las ciencias, la industria y la intelectualidad, mantienen su estéril característica y salvo ocasionales generaciones de educación en el extranjero o instituciones nacionales, sigue habiendo la dependencia al exterior; y los académico e industriales mexicanos se limitan a simplemente adoptar y reproducir conocimientos exteriores, situación que ni el patriotismo revolucionario de la expropiación petrolera, logra cambiar -de nada sirvió comprar el petroleo sin desarrollar una industria de la transformación propia, el resultado lo vivimos hoy día que se chingaron a la "gallina de los huevos de oro"-. El sistema educativo mexicano, que a pesar de la fundación de universidades públicas, de gran relevancia, ven apocado el logro al dejarlas en manos de las mismas estructuras de poder empoderadas gracias al tráfico de influencias, el partidismo y el corporativismo; nunca las instituciones mexicana se convierten en centros de investigación y generación de conocimiento, y los casos en que lo fueron, pues el mérito recae en los investigadores y su labor, no en la institución.
El cierre de siglo, periodo de cambios dentro de las estructuras oligarcas, significa el asenso de una tecnocracia formada bajo los paradigmas económicos de neoliberalismo; quienes en su intento por transplantar el sistema reformado del mismo liberalismo que un siglo antes sus antecesores -sino es que directamente sus ancestros- habían adoptado e implementado con los resultados que describe la historia de México del siglo XX y del resto de los países de la región -fallidos, bastante fallidos-.
La nueva modernidad, surgida del fracaso de los gobiernos precedentes -una facción de las mismas oligarquías que había mantenido la formula de depender del exterior, pero con el detalle de tener una política económica no actualizada -eran el programa de windows 95', en una tablet del 2017-; abre un nuevo periodo para México, que se incorpora a un sistema globalizado en la función de proveedor de mano de obra barata y de recursos naturales -para variar, que inovadores fueron...-. La participación mexicana en esta nueva organización global, dio la idea de confort a vastos sectores de la población, que pauperizados por un siglo XX bastante jodido, encontraron en la "estabilidad" económica que les brindaba un trabajo mal pagado un balance que equilibraba su existencia frente a una realidad de mierda caracterizada por la pobreza, la nula planificación urbana (rural,de todo); la corrupción y la violencia. Mientras que un nuevo actor, los medios de comunicación intentaban satisfacer su inconformidad alimentando el lívido y aprovechando el machismo imperante para cosificar los cuerpos humanos y mediante la oferta de tetas y culos, crear un letargo voluntario que satisfaga el vacío de la vida.
Hoy, 2017, el esquema que ha sustentado al Estado mexicano desde el siglo XIX, se encuentra con la culminación de casi doscientos años de ineptitud al servicio de una oligarquía, y esas clases dominantes, se encuentran frente a un gobierno de la principal potencia, agresivo y aún más exigente en sus negociaciones. Y por lo visto, esas oligarquías, acostumbradas a un equilibrio que les permitiera sortear las crisis mediante su servidumbre a otras potencias van a ceder todo los cedible y aceptar todo lo inaceptables, porque no saben ver más allá de su confort personal, porque al no ser elegidos desde y por una voluntad popular, sólo piensa en la cúpula como un absoluto que se "legitima" con la aceptación de una masa empobrecida, dependiente y sometible.

Autor:Fisgón,
fuente:https://www.facebook.com/lajornadaonline/photos/a.409773443705.185957.8039493705/10155227114278706/?type=3&theater
Sobre la afirmación de separatismo si, patria-nación no; el presente escrito busca destacar que a lo largo de la historia de México, el establecimiento de un Estado-nación y las instituciones representativas, en ningún momento se contemplo una representación real, esta quedó como una mera abstracción discursiva o de iuris, sin que pudiera llegar a la praxis. las poblaciones sujetas bajo la jurisdicción del Estado mexicano, nunca tuvieron la oportunidad de contar con un sistema propio que velara por sus intereses, sino que estuvieron siempre dominadas por clases económico-políticas que en ejercicio de facto del poder, siguieron y adoptaron los sistemas económicos que más les beneficiaran, manteniendo así el perpetuo sistema colonial de ser proveedores de las potencias en turno. La educación, las ciencias o la economía, siempre estuvieron sujetas al exterior y los cambios ocurridos dentro de instituciones relativas a los países dominantes, nunca al interior, mientras que las instituciones propias se limitaban a ser ilustres copiadoras, asimiladoras y reproductoras de modas y tendencias del exterior.
No se plantea aquí un miedo hacía el exterior ni mucho menos -hago la aclaración para no caer ante la acusación de xenófobo-, pero se debe resaltar que al sólo asimilar los procesos de exterior, México o el resto de los países del continente, nunca lograron romper con el esquema colonial, ergo, nunca establecieron una relación de iguales con respecto a otras potencias, para las cuales relacionarse con los países pobres, era imponer sus condiciones con un subalterno pelele e inepto. Sobre esas nociones se construye el nacionalismo y la patria, bajo preceptos etéreos, nunca físicos, bajo nociones moralistas, nunca bajo una realidad perceptible; dado que para los Estados-nación, como el mexicano; las leyes y los discursos nunca tuvieron relación con la praxis.
El separatismo surge como una necesidad ante una histórica carencia de representatividad política, no bajo nociones patriotas ni nacionalistas; sino bajo la necesidad y el derecho de cada pueblo de autodeterminar su presente y futuro, cosa que no ocurre en el México de los caciques y caudillos, quienes a pesar de cambiar de forma, mantienen viva la esencia de la Nueva España colonial y condenan a los más de ciento veinte millones de humanos que residen en el territorio mexicano, a seguir siendo la escoria del mundo, porque aún mientras vivan en medio de la riqueza, están sujetos a ser valorados desde un exterior que no tiene interés en valorar a alguien más por encima de él.
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